El infierno del CIE, en un libro
Es pagar el pecado por haber venido a España sin documentos, sin papeles (...), nos cobran esa deuda de inmigración”. Así resume María, ecuatoriana, su paso por el CIE de Aluche, en Madrid. Su testimonio hace parte del libro “Voces desde y contra los Centros de Internamiento de Extranjeros”, presentado esta semana por las ONG Ferrocarril Clandestino, SOS Racismo y Médicos del Mundo.
Las 192 páginas del libro son el resultado de dos años de entrevistas con cuarenta personas que pasaron por el CIE de Aluche. Unas salieron libres al cumplirse los cuarenta días, otras fueron deportadas.
Las voluntarias de estas ONG recopilaron las historias “para quien quiera oír y para que nadie pueda decir mañana que no sabía”. Con ese propósito en mente, han enviado copias del texto al Defensor del Pueblo, al Ministerio del Interior y a cada uno de los senadores que aprobaron la reforma de la Ley de Extranjería el pasado miércoles.
“El informe estaba en su escritorio antes de que votaran una ley que amplía a 60 días el internamiento”, asegura una portavoz de Ferrocarril Clandestino, que añade que “los senadores sabían exactamente qué estaban votando”. Margarita Martínez, del grupo Inmigrapenal, también hizo hincapié en la ampliación del internamiento.
“Todos los grupos parlamentarios, menos el PSOE, presentaron enmiendas para limitar el tiempo a 40 días. No se entiende que el Partido Socialista promueva este endurecimiento”.
CUARENTA DÍAS DE TERROR
Las historias recogidas en el libro son tan duras que es difícil imaginar cómo serán las que se cuenten cuando el internamiento sea de sesenta días. María, la mujer ecuatoriana antes mencionada, decía en noviembre de 2007: “Yo quiero irme, yo no he hecho nada malo para merecerme esto. Es un infierno, solamente las personas que estamos encerradas sabemos lo que se vive aquí”. Lo que se vive dentro, según las personas entrevistadas, es un amplio catálogo de malos tratos físicos y verbales.
“Estaba haciendo una llamada y no me daba cuenta de que ya estaba subiendo (a las habitaciones). Vino el policía y ¡pam! me pegó un puñetazo así y me rajó por aquí”, afirma Manuel, un dominicano que estuvo retenido en febrero de este año.
Los internos coinciden en señalar que el peor momento es cuando los llevan al aeropuerto para ser deportados. Mónica, brasileña, afirma que cuando pidió la presencia de una asistente social en Barajas, la mujer policía que la custodiaba le replicó que “en este país yo no tenía ningún derecho y que me fuera a mi país. Continué insistiendo (...) y la mujer, de repente y sin mediar palabra, comenzó a pegarme, tanto con la mano como con la porra que llevan”.
A Teresa, retenida en 2009, no la agredieron físicamente en Barajas, pero tuvo que soportar “lindezas” de este calibre: “Nos decían que éramos la lacra de la sociedad, que debemos regresar atados como animales a nuestro país”, apunta esta boliviana.
“NO SON CASOS AISLADOS”
Las denuncias se multiplican en las páginas con acentos latinos, africanos y árabes, una prueba de que los abusos son “sistemáticos y no casos aislados como los presenta la Policía”, aseguran desde Ferrocarril Clandestino.
La teoría de que los abusos no se limitan a uno o dos la confirma Johnny, que pasó por el CIE en septiembre de 2008. Preguntado si había visto agresiones, el nigeriano responde: “¿En el CIE? ¿De la Policía? Sí, muchas veces, ocurre todo el tiempo”.
¿AQUÍ NO PASA NADA?
Lo más impresionante es que a pesar de las constantes denuncias de las ONG y los internos, sólo el Defensor del Pueblo se ha atrevido a criticar las condiciones de los CIE.
El Ministerio del Interior se limita a responder que “el internamiento está vigilado por jueces”. Quizás el silencio general se deba a lo que cuenta María: “Ha venido otra gente que no se ha identificado, hablaron solamente con el director. Ven la pared, ven la estructura, las cosas, pero a nosotras no se ha dirigido nadie, nadie nos ha venido a preguntar de nada”.
Por eso este libro. Para que nadie pueda decir que no sabía.








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