Nobol: El pueblo perdido de Santa Narcisa
- Nobol es un pueblo perdido en medio del calor y la pobreza en el Guayas.
- Dentro de un pequeño caserío se encuentra una santa muy querida por los ecuatorianos.
Antes de que Nobol fuera famoso por la Santa Narcisa de Jesús, ya el pequeño caserío al pie del río Daule recibía a los citadinos que se aventuraban para comer maduro con queso.
Hoy, la tradición no ha muerto y junto con la obligada visita al Santuario en donde yacen los restos de ‘La Violeta’, cientos de viajeros se detienen en el camino y disfrutan del sabor del campo muy cerca de la ciudad.
Una vez que se abandona el perímetro urbano, la masa deslucida del parque industrial que rodea la vía Daule va desapareciendo hasta que el campo costeño se impone.
Aparece el río en todo su esplendor: es un río de tierra, fuerte, que va abriendo el camino. Nobol floreció ahí y allí mismo nació la milagrosa Narcisita en 1832.
La historia de su bondad se va repitiendo a lo largo de la calle que conduce al Santuario, un edificio que contiene una urna transparente con sus restos intactos y a los que los fieles se acercan con una devoción que detiene el tiempo.
LA COSTURERA SANTA
Congregados alrededor del altar, cerca de diez personas miran un punto fijo: es el cuerpo de la que en vida se dedicó a la costura y que se mortificó siguiendo los pasos de Santa Marianita de Jesús.
En otro espacio se ha recreado su vivienda con sus utensilios para la vida diaria. Todo es parte del recorrido del turismo religioso. No hay vendedor ambulante que no hable de ello y que no sepa la historia de la Santa.
Narcisa de Jesús Martillo y Morán salió de Nobol en 1852. Estuvo en Guayaquil, en Cuenca y finalmente en Lima en 1868. Un año después murió por fiebres constantes y en uno de los tantos citados informes médicos, se reporta que la habitación en donde yació su cuerpo se llenó de perfume y luminosidad.
Era 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción de María. Dos fotografías muestran la imagen del día de la muerte de la Santa. Narcisa muestra su rostro lejano a la rigidez de la muerte, vestida de negro y junto a sus instrumentos de penitencia.
“Está dormida”, dice Sixto León, de 60 años que ha acudido para pedirle por su pierna enferma. “Ya le hice una manda”. Las mandas se colocan afuera de la capilla, son objetos de metal que se hacen con la forma del área enferma.
Sixto ha hecho una piernita para que la Narcisa se la cure.
En 1955 el cuerpo llegó a Guayaquil y en 1992 el vaticano ya la había declarado Beata. Narcisa había hecho cientos de milagros, pero dos la llevaron a los altares. En 1991, una comisión médica de Roma acepta que la Santa ha curado de cáncer a Juan Bautista Pesántes Peñaranda y en 2004, el Vaticano vuelve a estudiar el caso de Edelmina Arellano que nació sin órgano genital y que a los siete años ya lo tenía sólo por haber rezado cerca de los restos de Narcisa.
El sábado 1 de marzo del año pasado, el Papa Benedicto XVI anunció la canonización de Narcisa y con esa noticia el pueblo entró en un revuelo. Miles de personas empezaron a viajar al Santuario y con ello los negocios se propagaron.
EL NEGOCIO DE LA FE
Hoy, al caminar por la larga avenida, no sabemos si estamos en un pueblito hippie o en la antesala al cielo. Cientos de informales ofrecen llaveros, escapularios, figuritas, velas multicolores y otros recuerdos.
Es el negocio de la fe que se ha extendido hasta a la música y la moda. Cintillos, camisetas, collares, gorras y sombreros, todo de la Narcisita. Mientras, los puestos de comida ofrecen caldo de salchicha, maduro con queso y humitas, el sustento primigenio de este pueblo de 15 mil habitantes.
Lejos del ruido, dentro del Santuario, hay un ambiente especial. Andrés Zerega, guayaquileño de 38 años, visita el pueblo cada mes. “Soy muy devoto a la Santa. Necesito hablarle y eso sólo lo consigo viniendo hasta acá”.
Zerega, además, dice que le resulta atractivo salir de Guayaquil los fines de semana a un sitio relativamente cercano. “Es el campo, no hay nada como él”.
Antes de marcharse nos recomienda el puesto de Anita y por ahí pasamos para llegar a la conclusión de que el sabor de su caldo de salchicha también debería considerarse un milagro.



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