Tejer la paz con retazos de guerra
- Este hombre de 52 años confeccionó durante más de un lustro los uniformes del grupo guerrillero en medio de la selva.
- Don Álvaro emplea en su taller a más de 40 personas que, como él, se acogieron al plan de reinserción del gobierno colombiano.
"Las manos que confeccionaron estos productos antes cargaban un arma". Es la frase de bienvenida con la que se encuentra de frente todo el que entra al taller de confecciones de Álvaro Pérez, quien hasta hace 4 años era el sastre de las FARC, el grupo terrorista más antiguo de Colombia.
"Yo duré 6 años confeccionando para las FARC", confiesa sin reparo don Álvaro, mientras enhebra agujas y cose un cerro de prendas sentado frente a su máquina en un local de 40 metros ubicado en un humilde barrio de Bogotá.
Hoy, sin ningún temor, le da la cara al mundo y dice que está completamente seguro de que sus ideas revolucionarias fueron un error que lo llevó hace 10 años a alistarse en la guerrilla en un momento en el que atravesaba la peor crisis económica de su vida.
La captación
Todo comenzó cuando un emisario del grupo guerrillero lo contactó en el año 2000. "Estaba en la quiebra absoluta, entonces ellos me mandaron invitar a que fuera a conocerles y me fui porque pagaban muy bien, pero también porque creía 100% en la revolución".
Fueron 6 años cosiendo en medio de los enfrentamientos entre el Ejército y la guerrilla. "Trabajaba con un grupo de 12 personas y a veces las ráfagas de los fusiles nos pasaban cerca mientras que hacíamos camuflados, gorras y equipos de campaña".
Gracias a la calidad de las confecciones que hacía en un improvisado taller ubicado en plena selva, tenía que diseñar trajes exclusivos para los máximos jerarcas del grupo.
"Los más grandes eran para ‘Tirofijo’, ‘El Mono Jojoy’ y ‘Raúl Reyes’ (a quienes con gran emoción conoció en alguna oportunidad), su seguridad era impresionante, no era muy amable y su genio dependía de las noticias sobre las bajas que recibía".
El desengaño
Con el paso del tiempo el desencanto por el grupo guerrillero, aumentaba. "Fui testigo de amenazas y de muertes a la gente que se atreviera a saludar a un soldado del Ejército o a los que creyeran que eran informantes. Esa es una gente muy cruel".
Fue esa misma crueldad, sumada al incumplimiento de los pagos y a la constante presión militar en los campamentos guerrilleros, lo que lo hizo tomar la decisión de desmovilizarse. "En el año 2006 me acogí al programa de la Alta Consejería para la Reintegración y allí me apoyaron para montar mi microempresa".
Una microempresa en la legalidad que le ha permitido confeccionar prendas para las más importantes compañías mutinacionales (y capitalistas) asentadas en el país, como Coca-Cola y Carrefour.
Y como esos contratos son esporádicos, dice que le gustaría seguir confeccionando lo que mejor sabe confeccionar: uniformes y material de campaña. "Le hago un llamado a las Fuerzas Militares para que me tengan en cuenta con un contratico para diseñar prendas militares que son mi fuerte".
Tan fuerte como el contundente final, de la frase de bienvenida que se lee en su taller: "Esto es lo que estas manos hacen por Colombia hoy: Colfepaz".

Comentarios (1)
Deja tu comentario30/Aug/2010 | 11:49
Esta es la típica historia que si lo lee un director de Hollywood lo saca, poniendo a Stalone en lugar de este tipo, y además vengándose por la muerte de su hija con sólo un cuchillo. A saber lo que sabrá este hombre sobre las FARC habiendo estado tanto tiempo con ellos.