La herencia de Escobar
- Escobar convirtió 3.000 hectáreas de tierra en una hacienda-zoológico.
- Más de una veitena de hipopótamos habita en la orilla del río Magdalena.
Para el Ministerio de Ambiente de Colombia proteger la fauna no es una obligación ni un deber, tampoco un asunto ético... ¡Es una cuestión de dinero!
Y al parecer, Pablo Escobar era el único que tenía suficiente como para sostener con calidad, por más de diez años, su excéntrico zoológico lleno de especies “insostenibles y peligrosas” para los gobernantes, pero perfectamente cuidadas con plata del narcotráfico.
Hasta que en 1993 el capo Escobar fue dado de baja por el Ejército colombiano. En ese momento comenzó el calvario para un Estado desbordado por un gigantesco parque lleno de animales a los que hay que alimentar y cuidar a diario.
A principios de la década de los 80, Escobar convirtió 3.000 hectáreas de tierra en una hacienda-zoológico a la que llamó Nápoles, ubicada en Puerto Triunfo, municipio del Magdalena Medio antioqueño.
Decidió poner allí estatuas de tiranosaurios, canchas deportivas, piscinas, una decena de lagos y más de cien mil árboles frutales, además de elefantes, gansos, leones, rinocerontes y, ¿por qué no?, hipopótamos.
La zona era perfecta para su cometido, un pueblito pequeño, con un clima óptimo y a orillas del río más grande de Colombia, el Magdalena.
Era el mandamás colombiano: compraba, vendía, traficaba; regalaba casas y comida a los más pobres, mataba con carros bomba a los más inocentes, chantajeaba a los más culpables, se movía por el mundo como por su casa.
A la hacienda llevó los primeros cuatro hipopótamos. Hoy son 28 gigantes y el registro de personas atacadas por ellos es cero.
EL TRISTE FINAL DE PEPE
En 1997, el hipopótamo Pepe y su novia abandonaron la hacienda, hoy expropiada y convertida en una finca de recreo.
Los paquidermos fueron a parar al Magdalena, caminaron, se sumergieron, tomaron el sol, saludaron a los vecinos y los vecinos se asustaron, se acostumbraron, se encariñaron, los escondieron, los defendieron.
Los hipopótamos continuaron su camino por la ribera, se aparearon, dieron a luz a Hip y fueron una familia feliz. Poco duró la dicha.
Según la viceministra de Ambiente Claudia Mora, “la decisión de sacrificar a los animales fugados no fue fácil, está justificada técnica y científicamente. Desde 2007 se ha buscado su reubicación, pero el procedimiento es complejo y costoso”.
Pepe fue asesinado.
El grupo encargado de ejecutar la “difícil decisión” fue conformado por la Fundación Vida Silvestre Neo Tropical, autodenominada “sin ánimo de lucro”, dos cazadores profesionales, Federico y Christian Pfeil Schneider, y más de una docena de militares del Ejército, por si al bueno de Pepe se le ocurría atacarlos.
La foto de la victoria humana sobre la indefensión animal fue la manzana de la discordia, una imagen reveladora del hipopótamo tendido en el suelo, descabezado, descolmillado, “desviscerado”, ensangrentado, y el equipo altivo, limpio y sonriente rodeando el cadáver.
Más tarde se supo que Pepe fue mal enterrado y ya no tenía su piel, causando perjuicios a los vecinos y contaminación ambiental.
Los más desprevenidos sienten que estuvo mal acabar con la vida de un ser vivo, los más suspicaces sospechan que es reprochable justificar la muerte de un animal con falacias que encubren el negocio de su piel y sus colmillos.
Bastó con conocer la imagen del cadáver de Pepe para que las protestas y propuestas se hicieran escuchar.
FUTURO INCIERTO
Dos expertos sudafricanos viajaron a Colombia, Michael Knight, zoólogo y ex miembro de la Unidad de Parques Sudafricanos, y Peter Morkel, coordinador del área de rinocerontes de la Frankfurt Zoological Society en Tanzania.
Su recomendación fue una: el hábitat de la región es perfecto para los hipopótamos, pero se debe reducir su tasa de natalidad, evitar su reproducción y su fuga, ubicarlos en un área rural de 70 hectáreas y adecuar tres lagos para asemejar su hábitat.
El Ministerio respondió: “Nos gustaría acogernos, pero no hay dinero. Capturar a cada animal cuesta unos 40 mil dólares”.
Otras propuestas se han pronunciado. El alcalde de Pereira, Israel Londoño, y el director del Parque Zoológico de Bogotá, Jaime Duque, plantearon prestar el guacal y el transporte para, finalmente, adoptar y albergar de manera definitiva y en óptimas condiciones a los animales.
En fin, las posibilidades que le apuestan a la vida abundan, pero, lamentablemente, la historia da cuenta de que los finales felices son escasos.

Comentarios (5)
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31/Aug/2010 | 06:51
Increible que un narcotraficante tuviera mas responsabilidad con la vida salvaje que el ministerio del medio ambiente, muchas cosas se han dicho sobre el tema y sin embargo nada se arregle, creo q para muchos es mas importante el dinero que preservar criaturas tan espectaculares como estos animales...
30/Aug/2010 | 16:49
Pobres animales, lo que les cuesta sobrevivir en la naturaleza y lo poco que el hombre valora la vida en el planeta