A Montevideo se fue un Martínez y regresaron 23
En 1959, cuando apenas era un niño de ocho años, Ismael Carlos Martínez dejó su natal Galicia para iniciar la aventura familiar de vivir en otro país, en otro continente.
Uruguay lo acogió sin restricciones y lo volvió un experto en los oficios que demanda el mar, hasta que el comienzo del siglo XXI lo puso de nuevo frente al Océano Atlántico, con la mirada puesta en España.
“Cuando vendieron el Puerto prácticamente todos nos quedamos sin trabajo. Ya no podíamos quedarnos en Uruguay, así que mis hijos decidieron viajar”. Primero fueron Javier y Jorge; luego, Fabián, Favio y Fernando. Una vez instalados, sus esposas e hijos también empacaron maletas y, al final, en diciembre de 2002, los “jefes” del clan Martínez cerraron con llave las puertas de su casa en Montevideo y se reunieron con sus hijos, nueras y nietos en Catalunya.
Como si la nostalgia fuera algo incontenible en este punto de la memoria, Ismael comenta: “de España recordaba un poquitín, pero tengo que ir a conocer un poco más la parte de Galicia. Ganas no me faltan, pero todavía no he ido. Dicen que es muy lindo. Por todo lo que significa, por sus paisajes…”
Al calor del mate, los Martínez Corbalán, Martínez Echeverría, Martínez Balboa, Martínez Garrido, Martínez García, Corbalán Pereira y los Echeverría Fonte se juntan todos, por lo menos dos veces por mes, para celebrar cumpleaños, organizar asados, programar fiestas o ver los partidos del Peñarol por internet.
UNA CADENA
“Somos muy familieros, nos gusta estar juntos. Pensamos que la alegría de uno es la alegría de todos y si no vamos todos a alguna parte no va ninguno. Así seamos 25 parecemos uno solo”, sentencia la abuela, Beatriz Corbalán, quien sólo difiere con su marido en un gusto: “aquí en España él le va al Deportivo La Coruña y yo, al Real Madrid”.
Ellos calculan que ocupan unas 20 cuadras de Vilanova i la Geltrú, una pequeña ciudad a 40 kilómetros de Barcelona. “Poco a poco nos van identificando por nuestros nombres”, anota Jorge, “pero ya nos reconocen como los Martínez.”
Alejandra Pereira, la última en salir de Uruguay, en diciembre del año pasado, piensa que son como una cadena, como un engranaje: “por ejemplo, para venir ellos me iban diciendo todos los documentos que tenía que empacar y no tuve ningún problema en el aeropuerto, pero sí vi a mucha gente que se quedaba por falta de papeles.”
EL TRABAJO
Aunque aquí no pueden hacer tantos asados como quisieran, los Martínez aprovechan las temporadas de buen tiempo para salir al campo y reunirse en torno a la carne y al mate. “El mate es sagrado”, ratifica Ismael quien recién llegado aquí pagó hasta 8€ por un kilo. “Los tambores, las tortas fritas, los bizcochos, los fuegos artificiales en Navidad… son costumbres muy nuestras que tratamos de conservar”, reitera Beatriz Corbalán.
Ella está dedicada al cuidado de una pareja de ancianos; su marido enseña en una escuela taller del Inem y sus hijos trabajan en oficios tan variados como hostelería, albañilería y panadería.
“No hemos sentido ninguna discriminación por venir de Suramérica”, aclara Andrea Echeverría -cuñada de Fernando- “pero cuando no tenés trabajo ni papeles, se abusa bastante.”
Sus padres, Rubén y Yolanda, creen que una solución sería la reactivación del tratado entre los dos países que data de 1870. “Los españoles tienen las puertas abiertas en Uruguay desde hace muchísimos años, pero hoy en día los uruguayos que no tenemos papeles sufrimos un montón de impedimentos para residir o trabajar. Es un tratado vigente, pero España no lo reconoce. Es más que una ley, es un pacto de amistad”, puntualiza Rubén Echeverría.
PURO CANDOMBE
Después de las duras jornadas, a los hombres de la familia les queda tiempo para colgarse los tambores y tocar candombe, esa música del Uruguay negro que contagia alegría.
Ismael es el presidente de la Asociación Candombe de Vilanova y sus cinco hijos tocan en el grupo: “el grueso somos de Uruguay, pero en el grupo también hay españoles, argentinos, guineanos. Tocamos en el carnaval de Sitges, en el de Vilanova, en las fiestas a las que nos invita el Ayuntamiento...”
La española Susana García, novia de Jorge, ya está acostumbrada a este frenético ritmo de reuniones y fiestas familiares.
Claro que cuando hablan de boda, él se imagina algo íntimo y ella, con mucha gente. “Es que, por más que queramos algo íntimo, será muy difícil, porque en mi casa también somos cinco hermanos”.

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