Latinos cuidan el cielo de Madrid
En la base aérea de Torrejón de Ardoz, 112 efectivos de la Unidad de Paracaidismo del Ejército español se preparan en el área de embarque con los equipos de 40 kilos que llevarán pegados al cuerpo, para un lanzamiento.
Provistos de armamento ligero y alimentación para sobrevivir de dos a tres días, están entrenados para, en caso de un conflicto bélico, ser los primeros en descender a fin de hacer reconocimiento de área y asegurar la zona para el resto de las unidades.
Una situación que hace pensar que estas son las tropas más vulnerables, y de mayores bajas humanas en periodo de guerra. Pero el Comandante Alberto Fajardo López-Cuervo nos recuerda que “según la Convención de Ginebra no se puede hacer blanco a las unidades de paracaidistas en pleno descenso, acuerdo amparado por la Unión Europea, la OTAN, la ONU y demás organismos internacionales. Además, las fuerzas de apoyo se movilizan rápidamente. La acción es rápida en ese sentido”.
Del total de miembros de la Unidad de Paracaidismo del Ejército de Tierra, el 26% son latinoamericanos. Hombres y mujeres de entre 18 y 27 años que, si les toca, lucharán por defender a España como si fuera su propia nación. Los integrantes de esa Unidad son también llamados Caballeros Legionarios Paracaidistas (CLP) y están dispuestos a cumplir con férrea disciplina las órdenes de sus superiores. Para el comandante Fajardo la integración de los miembros extranjeros con los nacionales no es compleja sino conciliadora en todos los aspectos.
RITOS LATINOAMERICANOS
Mónica Guarnizo es de Cali (Colombia). Tiene 19 años y en breve cumplirá dos en la tropa. Llegó a España hace siete años y se enroló en el Ejército pensando en ayudar a los suyos porque “las condiciones laborales en este lugar son mejores que las de la vida civil”. Su equipo de salto ha pasado la segunda revisión y está a la espera de la tercera. Pero aún así nos confiesa: “mi mayor incertidumbre cuando asisto a cada lanzamiento es si se abrirá la campana de 84 metros cuadrados”. Mientras dice esto, arropa con su chaqueta militar las medallas del Divino Niño y la Virgen de Guadalupe. Luego se ajusta los cinturones del paracaídas de 11 kilos que lleva en la espalda. Hace mucho viento. Si sobrepasa los 12 nudos (6 metros por segundo), el salto se suspenderá.
El equipamiento adherido al cuerpo pesa alrededor de 40 kilos y según las condiciones climatológicas, portarán un saco de dormir, herramientas, alimentación, munición y armamento ligero que permitirán crear una avanzada en tierra.
Mónica se dirige junto a la tropa a la pista de aterrizaje, frente a ella se abre la panza del T-19 y trepa al avión con ayuda del auxiliar de vuelo. Arriba, entre las nubes, la espera el vacío. “Si alguno se queda enganchado con el arnés, manos al casco que lo recuperamos al avión”, grita el jefe de vuelo.
Mónica ha saltado, y en unos segundos su paracaídas se ha hecho un globo verde que la dirige lentamente hacia tierra firme. “Cuando saltas al vacío dejas de sentir pavor, sólo flotas y es imperante la necesidad que te asalta de mirar hacia arrriba para comprobar que la campana se ha abierto”, dice.
SALTO LIBRE
Uver John Quezada es de Loja (Ecuador). Este día va a realizar su salto número 15. Tiene 21 años, tres en el Ejército y cuatro en España. Está a la espera de su nacionalidad para presentarse a la escuela de Sub oficiales. Regularizó sus papeles de residencia y se considera afortunado porque sus expectativas se han cumplido. “Tengo pasión por la vida militar”, nos confiesa. Esa mañana se lanzará al vacío desde 400 metros de altura y deberá tirar la anilla antes de llegar a 100 metros de la tierra. Dos patrullas, de 28 soldados cada una, ya están preparadas para salir. Han convocado al breefen (reunión donde se especifican las características del vuelo), según explica el brigada Francisco Luna.
La última tropa de esta mañana se encamina al Nurtanio CN-235 (T-19), sus miembros están listos para volar.
MÁS PLAZAS
Este año se ha ampliado al 7% el cupo máximo de extranjeros en las Fuerzas Armadas. Se deben superar: un reconocimiento médico, pruebas físicas y test psicotécnicos. Casi todo el año está abierto algún ciclo de selección para acceder al Ejército español.

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