Superdotados latinoamericanos buscan apoyo
Arquímedes Garzón es un niño de Ecuador. Acaba de cumplir 9 años y en lo que va del año escolar lleva leídos 38 libros de la biblioteca de su colegio Miguel de Unamuno, en Madrid. Más que un lector insaciable, su cerebro es una esponja que necesita absorber conocimientos de manera imparable.
Se ha leído La Biblia, El futuro del éxito, libros de tecnología, enciclopedias de su casa, los periódicos y todo lo que va a parar a sus manos. Hace de profesor con su hermano mayor de casi 11 años y cuestiona la situación social y política del mundo.
Pero algo pasa con Arquímedes porque su rendimiento en el colegio ha disminuido. Se justifica con que lo que le enseñan en el colegio ya lo sabe, no quiere rendir exámenes y ha empezado a ser la atracción divertida en clase. Probablemente este niño es superdotado y no está recibiendo la atención necesaria especializada. Necesita ser evaluado.
En la mayoría de los países de Suramérica no existe suficiente atención para personas superdotadas ni programas que amplíen el currículo educativo para estos niños, ni organismos que asesoren a los familiares.
Si no son atendidos y detectada su precocidad a tiempo, estos niños empiezan a desmotivarse, se aplican la ley del mínimo esfuerzo y pierden el afán de superación. Su autoestima decae, y si son adolescentes entrarán en un cuadro depresivo, en un inminente fracaso escolar, sufrirán trastornos alimenticios como la bulimia o la anorexia, o presentarán el síndrome de asperget (autismo selectivo). En casos extremos llegarán incluso a plantearse el suicidio.
Andrés Bernal, es de Colombia. Con 3 años aprendió a leer. Ahora, a sus 17 años, domina cinco idiomas, escribe cuentos, desmonta ordenadores y descarga de internet partituras de guitarra. Adquirió estos conocimientos de manera autodidacta, sin academias. Su mente es diez veces más rápida que su escritura. Está a la espera de una respuesta de las oficinas de la NASA en España para un futuro como ingeniero aeronáutico. Cuando le plantearon una prueba de dos horas, él la hizo en 15 minutos. Pasó por 14 tests de inteligencia que determinaron que su cociente alcanzaba 135 sobre 170. Era un superdotado. “Nosotros somos personas normales que cuando se reúnen no hablan de física cuántica”, nos dice Andrés tímidamente.
Su padre, Carlos Bernal, señala que para un menor extranjero supone doble problema el tener esta condición: no sólo enfrentan su integración en un país ajeno, además se sienten señalados por ser diferentes.
Alrededor del 2% de la población mundial es superdotada. En España se estima que son 300 mil los niños con esta condición. Entretanto, en gran parte de Latinoamérica se desconoce la cifra, no hay registros oficiales sobre ello.
Existe la misma cantidad de niños que de niñas bajo esta condición, pero ellas reúnen una característica especial: camuflan su identidad para evitarse problemas de adaptación, según la presidenta de la Asociación Española de Niños Superdotados y Especiales (AEST), Alicia Rodríguez.
Alicia afirma que en el centro se atienden a diario 3 ó 4 casos de procedencia latinoamericana, generalmente de Ecuador y Perú, y se reciben 3.000 consultas por internet, de las cuales más del 4% son de latinos.
El mito de que los superdotados son alumnos brillantes o ‘genios’ es falso. Según estudios realizados por especialistas, cerca del 75% de estos menores presentan fracaso escolar antes de concluir la Educación Secundaria Obligatoria y son expulsados en gran parte por el comportamiento indisciplinado en las aulas escolares.
¿La causa? “La ausencia de retroalimentación en el aprendizaje, los aburre, y los convierte en los ‘payasitos’ de la clase”, comenta Alicia.
Antonio Rada es mexicano. Llegó a España para disipar sus dudas tras 26 años sintiéndose diferente del resto. Su coeficiente intelectual es de 154. (uno entre 33.500 personas). Durante su infancia avanzó a un ritmo que agobiaba a sus padres. Con ocho años leyó la versión entera de la Segunda Guerra Mundial y con 11 elaboró un monográfico del tema de memoria, sin necesidad de consultar los libros. Su profesor le acusó de haber transcrito un libro y cuando Antonio se lo recitó de memoria sin obviar fechas y nombres le puso 9,8.
Para el psicólogo y pedagogo español Valentín Martínez Otero, a veces los profesores se sienten “amenazados” ante estos niños cuestionadores, y argumentadores.
Marlene Meneses es de Bolivia. Viajó a su país para traer a su hijo José, de 8 años. Sus educadores no saben que educación ofrecerle. José termina siempre primero en clase y se aburre del constante recreo en que vive. Si hace evaluar al niño, tendrá que alcanzar un coeficiente mínimo de 130 para ser atendido. Entonces se podrá contabilizar un latinoamericano más burlando el subdesarrollo.





Comentarios (1)
Deja tu comentario23/Oct/2010 | 23:44
Soy periodista, estoy investigando el tema superdotados adultos.Espero mail de latinoamerica stephanosphatourosdertouzos@gmail.com