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En la cama de un hospital
Hace tiempo vengo sufriendo de cólicos nefríticos que me tumban por completo. El dolor es tan intenso que siento que cuchillas afiladas atraviesan mi cuerpo y me aniquilan la poca fuerza que me queda. Casi siempre, cuando el dolor me ataca, estoy sentando frente a un ordenador, escribiendo o repasando todo lo que está pasando en este mundo a través de Internet.
En anteriores ocasiones el ataque se ha producido durante el sueño. Me levanto con un electrizante dolor que me sacude todo el cuerpo y luego me derriba al suelo. En ese momento no hay calmante que valga. Las buscapinas son caramelos que pasan sin pena ni gloria por ese terrible momento que me lleva a la desesperación y al aniquilamiento. A veces cuando el cólico nefrítico invade mi ser, me siento desposeído, desnudo ante esas minúsculas piedras que de ser diamantes me convertirían en un ser millonario.
Ahora, en estos momentos en que escribo estas líneas, estoy sentando en la cama de un hospital, esperando que los doctores por fin se decidan a operarme. Me han hecho decenas de exámenes: de sangre, de orina; ayer introdujeron por mi organismo un líquido que detalla exactamente el lugar donde se encuentra esa piedra que me lleva al infierno. El doctor que me atiende, muy joven y con un rostro de niño Jesús de pesebre, me explica que la piedra es muy grande, que me van a hacer todo lo posible por sacarla en las próximas horas.
Pero el problema no es esa piedra. A través de una ecografía me detalla exactamente unas nubecitas que brillan en la oscuridad. Me dice que tengo muchas y que hay una alojada en el riñón izquierdo que es muy grande.
La habitación en la que he sido recluido la estoy compartiendo con dos personas mayores. Una de ellas ha sido operado de la vejiga, pero su avanzada edad le hace perder el sentido de la orientación. Me cuenta su esposa que es como un niño al que hay que atenderlo las 24 horas. Antonia su mujer lo reprende a cada momento y le dice que se espabile, que si le duele algo.
Los momentos en el hospital son eternos. Convivo con personas desconocidas, veo cuerpos deteriorados por el tiempo, acabados, y me pregunto si algún día viviré este estado. En el piso sexto del hospital Ramón y Cajal el único joven soy yo. No hay nadie de mi edad tumbado en una cama. Siento vergüenza a veces por lo que me pasa. Quizás no he sabido cuidar mi salud, no he hecho caso a aquellas personas que me dicen que beba agua, que esa es la única manera de que mi cuerpo no se siga consumiendo más de dolor.
Los minutos se hacen lentos y recuerdo a mi hijo y a mi esposa. En estos últimos días me he sentido solo. Pocas personas vienen a verme. Es como si la verdadera familia que te quiere y te extraña se ha ido lejos. Todos están en sus quehaceres y otros no se han enterado de que estoy aquí. Asumo que es la verdad de un mundo al que me veo abocado cada vez que asomo la mirada al horizonte.
Anoche, en medio del sueño y de ese olor hospitalario que no soporto, mi compañero se levantó y rodó por el suelo. Estaba casi desnudo, con dos bolsas de agua conectadas a su vejiga que limpian la herida después de ser intervenido. Su esposa, Antonia, se había marchado. Los enfermeros lo levantaron y nuevamente lo subieron a la cama. El pobre hombre desvariaba, decía que se iba. El enfermero le decía que si era que quería irse de juerga. Después de varias horas de desespero y lucha por calmarlo, decidieron darle una pastilla para el sueño capaz de derribar al elefante más bravo. Cuando pienso en ese episodio pienso si un día perderé la noción del tiempo y volveré a hacer un bebé al que hay que ponerle pañales y calmarlo para que no se vaya de juerga.
Hoy, bien temprano me he levantado. El médico cada vez que entra a la habitación aparece de la nada. El primer día me pilló durmiendo. La noche anterior no había pegado ojos por los ruidos y la caída al piso de mi compañero de cuarto. Esa mañana estaba en otro mundo, sin norte, descoordinado e irritado. En esta oportunidad quería darle la sorpresa a mi sanador. Preguntó por mí a todos los que estaban ahí y yo le dije aquí estoy. Él se sorprendió. Me explicó que en las horas de la tarde me daba el alta, que iba a tener una junta médica y que después me citaban para operarme. Esa noticia la esperaba con ansias, pero de un momento todo cambió. Una enfermera, portando unas jeringuillas me dijo que me iba a sacar sangre. Yo le dije que el urólogo me iba a dar el alta.
–No creo. El doctor Vásquez me dijo que te adelantara todos los exámenes posibles porque te van operar.
Después de cuatro días de espera mañana quizás entre al quirófano. Me van a extraer esa piedra de los mil demonios que tengo alojada en la vejiga. Ya ha bajado por todo el riñón y se ha posado como toda una reina en esa parte de mi cuerpo que me impide orinar con normalidad.
Por lo pronto, veo en el sexto piso del Ramón y Cajal, abuelotes paseando con sondas y bolsas de orina. Es el panorama que observo y me pregunto que será de mí a esa edad. ¿Me sentiré inútil y acabado? No sé, pero no quiero terminar así, derrotado en una cama y viviendo de los recuerdos. Ahora, esos recuerdos están más claros que nunca, pero mañana se pueden desdibujar por una enfermedad triste y melancólica.
Continuará...
Sobre el autor


Comentarios (7)
Deja tu comentariogucciukoutlet…
08/May/2012 | 10:00
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03/Dec/2010 | 18:56
No sabíamos nada!!
Pero descuida, que iremos a verte y darte la murga.
Valor, amigo, y besos de las nenas y de tu compatriota Elena.
03/Dec/2010 | 08:48
Muchísimo ánimo Víctor. Ahora tu mente está turbia por el dolor, pero te mando un fuerte abrazo desde la redacción. ¡Ánimo que tú puedes, crack!
02/Dec/2010 | 18:12
Don Víctor! Ánimo y p'alante! Ya verás como con la operación se soluciona todo por fin!
02/Dec/2010 | 16:41
Hola hijo de mi alma, sé que te encuentras triste en estos momentos, pero la distancia que te separa de todos nosotros es inmensa, pero de corazón todos estan contigo y pendiente de tí y pidiendole a Dios que te operen y te recuperes pronto y salgas bien de esa operación,tú sabes que yo estoy dispuesta a viajar inmediatamente a España para estar contigo. Te amo mucho.
02/Dec/2010 | 16:20
Hola Victor,sé que estás pasando muy doloroso, pero más triste y preocupada me encuentro yo, al no poder estar contigo en estos momentos,Díos te ayudará a salir bien de la operación, mi corazón y mi enmenso amor hacia ti, estan espiritualmente contigo,
02/Dec/2010 | 16:15
Animo Victor... esperamos tenerte pronto con buena salud...