Mal tiempo, buen negocio
A pesar de los tiempos difíciles, algunos arriesgados ven oportunidades y logran salir adelante con proyectos empresariales que combinan originalidad y una buena dosis de oportunidad.
Precisamente una gran oportunidad es lo que vieron Francisco Bou y Kathy Mancilla que llevaban varios años buscando un local en Valencia para montar un negocio propio. Él es español y ella boliviana. Ambos tenían un sueño: crear un restaurante con alimentos de calidad y a un precio asequible, pero uno de los mayores problemas era el local. Pero donde la gente ve problemas ellos vieron una ocasión perfecta para emprender su proyecto: aprovecharon el derrumbe urbanístico y consiguieron un local grande y espacioso. “Hace uno o dos años era impensable conseguir algo así”, explica Kathy quien afirma que el truco está en el concepto de su bar: “es un restaurante boliviano para que se conozca la cultura a través de la gastronomía en un ambiente sano y con música en vivo”.
Ahora sus clientes ya se están habituando a la filosofía de su local. Como asegura Kathy “al principio los españoles que venían eran reticentes a probar nuestra comida, pero ahora con las cañas les vamos sacando su tapita de lengua o algo típico de Bolivia, de hecho los fines de semana vendo más horneados que tapas”.
Su sueño ahora ya tiene un nombre, “Llajta” y está en el barrio de Campanar en Valencia.
FRANQUICIA FAMILIAR
Más habituado a esto de los negocios está el colombiano Diego Jiménez, quien montó hace dos años una zumería en Valencia, su nombre “Tropicalísima”, y ahora ha abierto otra sucursal en el barrio de Campanar.
Lo que tiene Diego ya es toda una franquicia familiar, de hecho como su local hay seis negocios por toda España regentado por alguno de sus tres hermanos.
Todos los establecimientos de Tropicalísima parten de una misma premisa, la venta de comida rápida, sana, de calidad y a un precio interesante. En el local podemos encontrar frutas, ensaladas, zumos, helados, pero también sándwiches o hamburguesas.
Diego es escéptico respecto a la situación económica, “saldremos de esta, pero no volverá a ser como era antes”. Por eso se permite dar consejo a los nuevos emprendedores inmigrantes: “que miren bien cuáles son las necesidades del público, del entorno donde quiere montar el negocio, la competencia, la posibilidad de futuro, todo esto se debe tener en cuenta antes de arriesgarse”, afirma este empresario de éxito. Diego no quiere dejar de pasar la oportunidad de agradecer la buena marcha de su negocio a a sus empleados: Angélica, Isabel, Iliana, Daniel, Quique y Fran, todos colombianos, como él.
CENTRO DE BELLEZA
Martha Celicia también es de Colombia, un país del que proceden la mayoría de los emprendedores de la Comunidad Valencia (ver gráfico). Ella siempre había querido tener un centro de belleza para desarrollar su profesión, manicurista, y ahora quiere volar sola, “sin trabajar para nadie”. Para emprender con paso firme Martha está realizando un curso de creación de empresas y también cuenta ya con un local. “Gracias a la crisis puedo alquilar porque han bajado los precios”, explica Martha quien, además de sitio físico, ya cuenta con tres socios, también colombianos como ella, Sol, William y Mariana que trabajará como esteticien. Todos están deseando emprender este nuevo camino como autónomos y ahora la ilusión se dibuja en sus caras, el Centro de Belleza “Kamerino” está a punto de nacer.
A ellos, como a los empresarios anteriores, la crisis no les ha vencido. Es más, todos tienen algo muy claro, cuando vienen nubarrones es cuando más hay que luchar.

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